Por la Redacción de laderecha.org
Se terminó el mito de que las empresas públicas necesitan del “derrame” forzoso de los impuestos para sobrevivir. Por primera vez desde su reestatización en 2008 —aquel manotazo kirchnerista que nos costó una fortuna—, Aerolíneas Argentinas cerró un ejercicio con números verdes y, lo más importante, con CERO subsidios del Estado Nacional.
Los datos son contundentes y marcan el fin de una era de despilfarro: en 2025, la compañía alcanzó un superávit operativo de US$ 112,7 millones. Para dimensionar el desastre de la gestión anterior, basta mirar hacia atrás: en 2012, bajo el mando de La Cámpora, la empresa succionó más de US$ 900 millones de las arcas públicas para financiar la ineficiencia y la militancia.
El “Plan Motosierra” llega a las nubes
El cambio de rumbo bajo la administración de Javier Milei es innegable. Mientras la vieja política sostenía que la soberanía se medía en déficit, la gestión actual demuestra que la verdadera soberanía es no ser una carga para el individuo que trabaja.
- Déficit Cero Real: Ni un solo peso del Tesoro fue transferido a la empresa en 2025.
- Reducción de Deuda: La deuda bancaria cayó un 41%, pasando de US$ 341,9 millones a US$ 207,4 millones.
- Eficiencia Privada: Con una facturación de US$ 2.220 millones, la empresa demuestra que puede competir en el mercado sin privilegios coercitivos.
Desde su reestatización hasta 2023, Aerolíneas Argentinas le costó a los argentinos más de US$ 8.000 millones. Ese dinero, que salió del sudor de los contribuyentes, fue utilizado para sostener una estructura macrocefálica y deficitaria. Hoy, bajo una lógica de mercado y reducción de costos, la realidad es otra.
¿Hacia la privatización definitiva?
El saneamiento de las cuentas no es solo una victoria económica, es el paso previo necesario para liberar al Estado de funciones que no le corresponden. El superávit operativo (EBIT) y el EBITDAR son los mejores desde 2006, cuando la empresa aún estaba en manos privadas.
Este escenario vuelve a Aerolíneas una joya atractiva para el capital internacional. En un sistema de capitalismo de laissez-faire, no hay razón para que el Estado gestione una línea aérea. El éxito actual refuerza la postura de este medio y del Gobierno: una empresa que da ganancias es una empresa lista para ser devuelta al sector privado, donde la competencia y la propiedad privada maximizarán aún más los beneficios para los usuarios.
El fin del privilegio de la casta
Mientras los “jóvenes de la orga” jugaban a ser empresarios con la plata ajena, el argentino de a pie pagaba la fiesta con inflación y pobreza. Hoy, la gestión de Fabián Lombardo confirma que el foco en la rentabilidad y la modernización de la flota (con 18 nuevas aeronaves financiadas con fondos propios) es el único camino posible.
La libertad avanza, incluso en el aire. El modelo de “Estado parasitario” está siendo desmantelado renglón por renglón.






