La orquesta del Titanic sigue tocando, pero los músicos ya se están revoleando los instrumentos por la cabeza. En un nuevo capítulo de la descomposición del movimiento que hundió a la Argentina, la interna K quedó expuesta en carne viva. Esta vez, el ring fue la provincia de Buenos Aires, donde el ministro de Gobierno de Axel Kicillof, Carlos Bianco, cometió el “pecado” de decir una verdad incómoda: el peronismo está fragmentado y no tiene conducción.
Como era de esperar, al politburó de La Cámpora y al kirchnerismo de paladar negro no le gustó nada que alguien use el sentido común. La respuesta fue inmediata, autoritaria y con el sello del estatismo rancio: silencio o castigo.
Domada y advertencia: “Callate la boca, Bianco”
Bianco, mano derecha de Kicillof, intentó un ejercicio de honestidad brutal al reconocer que el PJ atraviesa una crisis de liderazgo y que no pueden seguir echándole la culpa a terceros por su propio fracaso.
Pero en el mundo del relato, la autocrítica es traición. María Teresa García, diputada nacional y guardiana de la “ortodoxia kuka”, salió al cruce por redes sociales para marcarle la cancha con un tono que rozó la censura. La orden fue clara: no se debate, se obedece. García dejó entrever que la conducción no se discute porque su jefa está ocupada con frentes judiciales, confirmando que el destino de un movimiento entero sigue atado a la suerte procesal de una sola persona.
El “Plan Platita” se quedó sin nafta
Mientras se matan por quién maneja la caja que queda, Bianco intentó defender la política fiscal de Kicillof, asegurando que no subieron impuestos en términos reales. Sin embargo, el bolsillo de los bonaerenses cuenta otra historia: el tarifazo de luz y la presión impositiva provincial siguen asfixiando a los que producen, mientras el gobernador se niega a pasar la motosierra por el gasto político.
La realidad es que el modelo de “Estado presente” ha colapsado. La falta de un norte económico y la pelea de egos entre el kicillofismo y el kirchnerismo duro solo confirman que la casta peronista está más preocupada por su supervivencia electoral que por el desastre que dejaron.
¿Por qué implosiona el peronismo?
- Ausencia de caja: Sin el Banco Central para emitir a mansalva, el “amor” entre los dirigentes se termina.
- Liderazgo tóxico: La conducción basada en el verticalismo ya no funciona cuando los resultados son la pobreza extrema.
- El efecto Milei: El éxito del plan económico libertario y la baja de la inflación los dejó sin discurso. Ante la falta de argumentos, solo les queda pelearse entre ellos.
Un “fenómeno barrial” que los dejó pedaleando en el aire
Lo que el kirchnerismo todavía no entiende es que el “intelectual de Miller” ya se dio cuenta del truco. No necesitan que Bianco o García les expliquen nada; la gente ya eligió el camino de la libertad y el respeto por la propiedad privada. Mientras ellos se mandan a callar y se tiran con carpetazos, el Gobierno avanza desmantelando el nido de ratas burocrático que armaron durante décadas.
La interna no es por ideas, es por el control de un aparato que ya no tiene motor. El espectáculo es decadente, pero necesario para que la sociedad vea, una vez más, quiénes son los que se oponen al progreso de la Argentina.
VLLC.








